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Nuestro puente

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Pequeña historia del paso entre Elciego y Cenicero

Cada día cruzamos el mismo puente; incluso varias veces. A cada extremo, dos municipios, dos comunidades autónomas, dos subzonas de la Denominación de Origen Rioja. Unos metros más abajo, nuestro gran río, el Ebro. La travesía es tan frecuente, tan natural, que parece que el puente haya estado siempre ahí. Pero el paso por carretera entre Elciego y Cenicero solo tiene algo más de un siglo.

Su historia está íntimamente ligada al desarrollo del sector del vino de Rioja. Hasta la década de 1860, las orillas de Rioja Alavesa y la Rioja castellana solo disponían de dos pasos para el transporte mayor: Logroño y San Vicente de la Sonsierra. Además estos dos enlaces, multitud de barcas comunicaban ambas riberas para el paso fundamentalmente de personas. Pero entrado el siglo XIX, esas embarcaciones ya no podían responder a los retos del desarrollo.

En esos años, la filoxera arrasaba Francia y la demanda de vino riojano crecía sin descanso. En Elciego cada año se producía más vino y los elaboradores se las veían para poder responder a las peticiones. El principal problema era el transporte, por lo que el municipio impulsó la construcción de un primer puente que conectara las bodegas del pueblo con la recién estrenada estación de tren de Cenicero. Apenas distaba cinco kilómetros, pero en medio del trayecto había que salvar el caudaloso curso del Ebro.

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La obra se prolongó varios años y tuvo que afrontar numerosas dificultades financieras. Finalmente, el puente se inauguró el 8 de julio de 1867. Desde el principio su uso estuvo sujeto al pago de un peaje denominado pontazgo. La persona encargada de cobrarlo residía en la pequeña vivienda que todavía se levanta en la cabeza alavesa.

La alegría duró poco: en enero de 1871, una gran riada derrumbó el puente original. Hubo que empezar de nuevo. Esta vez, con una mayor implicación de la Diputación y, más adelante, del Ministerio de la Guerra, pues con el estallido de la tercera guerra carlista en 1872, el paso de Elciego resultaba de importancia estratégica vital. El caso es que este segundo puente, abierto en el verano de 1873, sufrió serios desperfectos en la contienda y hubo que esperar hasta junio de 1875 para que fuera definitivamente operativo. Es el mismo puente que hoy conocemos y recorremos.

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